Evolución de la educación musical

Por Carolina Castro Gil

“El arte implica sentido de perfeccionamiento y camino a la excelencia y si éste, tiempo atrás, fue de minorías para minorías, después de minorías para mayorías: ahora es de mayorías para mayorías”.

José Antonio Abreu

La educación musical, tanto en su periodo de iniciación como en la formación más especializada, no ha sido tema de gran discusión. Como dice Maneveau (1993, p.15), “…una crisis de la música no es vital para la sociedad”. Aún hay gobiernos e instituciones que consideran lo artístico como accesorios de la educación y lujos que no todos se pueden dar y que no son fundamentales para el desarrollo integral de los niños y jóvenes. Aunque últimamente se pueden encontrar diferentes trabajos como ensayos, nuevos métodos y diversas iniciativas de formación musical, una de las principales reflexiones que se debe realizar es cómo la pedagogía musical puede ser globalizada.

La música y su enseñanza han ido evolucionando paralelamente con el pasar del tiempo. En los pueblos primitivos, la empírica práctica y enseñanza musical estaba a cargo de los músicos especialistas capaces de transmitir los secretos del oficio a sus futuros sucesores. En la historia de la música occidental, el monje benedictino Guido d’Arezzo (990-1050) fue el primero en destacarse por sus labores pedagógicas, creando varios recursos para la enseñanza de la lectura y escritura musical. En la Edad Media, la enseñanza musical se realizó en los monasterios a cargo de los monjes. “La música, que, junto con la aritmética, la geometría y la astronomía constituían el Cuadrivium, fue uno de los medios más elocuentemente expresaron el espíritu religioso de la época” (Gainza, 1964, p. 18).

Durante la Reforma y en el Renacimiento, la enseñanza musical fue una necesidad planteada que produjo la creación de escuelas públicas, extendiendo los beneficios de la cultura a un mayor número de personas y ocasionando nuevos problemas en la educación musical. Luteranos y calvinistas solicitaron la educación musical para todos los niños y jóvenes, tal cual sucedió en la antigua Grecia (Gainza, 1964). Las ideas pedagógicas de Comenio (pedagogo y filósofo checo) florecieron en el siglo XVII. La frase de Comenio “Nada hay en la inteligencia que no haya pasado antes por los sentidos” (Gainza, 1964, p.19) hace alusión a su trabajo Didáctica Magna (1657), pionero en los métodos sensoriales y activos. Pero el racionalismo (teoría) y el sensorialismo (práctica musical) en la música produjeron un empobrecimiento que afectó la enseñanza musical: “…es tan nocivo enseñar teoría musical desvinculada de la realidad sonora, como preparar a los alumnos para la ejecución vocal e instrumental sin relacionar esta práctica a los principios que fundamentan el arte musical” (Gainza, 1964, p.19).

El siglo XVIII fue una época en donde se destacaron más creadores de sistemas simplificados para el aprendizaje musical. Su mayor representante fue Rousseau, quien compuso numerosas canciones infantiles y deseaba que la educación musical fuera más difundida. Gracias a Wilhem, Gédalge, Galin y Aimé París, sucesores de Rousseau, la pedagogía musical se fue consolidando en Francia en el siglo XIX. Wilhem centralizó y representó las nuevas corrientes racionalistas dentro de la educación musical, influenciando a una nueva generación de pedagogos como Hubert, Gédalge, Hortense, Parent, entre otros. En reacción al intelectualismo, resultado del racionalismo, aparecieron los métodos activos basados en las pedagogías sensoriales. Este movimiento fue llamado Escuela Nueva y sus principales representantes fueron Montessori, Decroly y Parkhurst. A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, la música entró en una etapa de renovación pedagógica que pretendió una educación musical que abarcara al hombre en su totalidad, dejando en el pasado el acceso a la música elitista, exclusiva y solo para los virtuosos, para permitir que el conocimiento fuera accesible a todas las personas, aún sin manifestar aptitudes musicales especiales.

A inicios del siglo XX, pensadores, filósofos, pedagogos y artistas comenzaron a cuestionar la forma en que se educaba a los niños en todos los ámbitos. Durante esta época, destacados músicos y pedagogos empezaron a transformar el entorno musical creando nuevos modelos educativos para ser implementados en las aulas. Utilizando métodos activos y fomentando las posibilidades creativas, dejaron atrás la enseñanza tradicional, que se centraba en la exploración de capacidades existentes en lugar de su desarrollo. Esta enseñanza tradicional tendía a favorecer el virtuosismo, generalmente instrumental, mediante una técnica cerebral o mecánica, pero descuidaba otros valores igualmente importantes o más relevantes. Gracias a sus aportes, el valor psicológico de la música prevaleció sobre la perfección formal. Desde entonces, la música es vista tanto como una actividad en sí misma como una preparación para la vida, ya que favorece todas las facultades humanas internas: voluntad, sensibilidad, inteligencia e imaginación creadora.

Los llamados métodos activos promovieron la participación del niño en su propio proceso de aprendizaje, permitiendo a los alumnos llegar al conocimiento teórico de cualquier materia mediante la experimentación. Los músicos responsables de estos enfoques innovadores en la enseñanza musical fueron:

  • E. Willems
  • J. Dalcroze
  • C. Orff
  • Z. Kodály
  • S. Suzuki

Actualmente, se pueden encontrar grandes movimientos latinoamericanos que optan por la educación musical como vehículo para la formación integral de niños y jóvenes. Por ejemplo, el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil de México (OSIM), el Programa de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles (Argentina), la Fundación Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile (FOJI), Sinfonía por el Perú, entre otros. En Colombia, a nivel nacional, se encuentra la Fundación Nacional Batuta y, a nivel local, por ejemplo, el Sistema Orquestal y de Formación Musical de la Filarmónica de Bogotá. En las últimas décadas del siglo XX, en la ciudad de Medellín, surgieron diversas instituciones de educación musical formal e informal, tanto en el sector público como privado, que pretenden, a través de la música, contribuir a la formación integral de niños y jóvenes como el Instituto Musical Diego Echavarría, el Colegio Alemán, el Colegio Montessori, el Colegio de Música de Medellín, la Escuela YAMAHA Musical, la Corporación Taller de la Música, la Red de Escuelas de Música de Medellín y Educación Continua Música de la Universidad EAFIT, entre otras.

En el sector público nace la Red de Escuelas de Música y las Orquestas Sinfónicas Infantiles y Juveniles de Medellín. En el discurso previo al concierto realizado por la orquesta en el Palau de la Música en Valencia, España, el fundador de ambos proyectos, Juan Guillermo Ocampo, menciona así el propósito de su creación: “…programa de educación musical que con la disculpa y la herramienta de la música pudiera abrir el espacio de la receptividad, la sensibilidad para una formación humana en valores, que pudiera hacer seres que construyen y contribuyen, no solamente a la paz, sino al desarrollo de nuestra propia ciudad…” (Fundación Musical Amadeus, 2004).

En las últimas décadas, la tecnología ha jugado un papel crucial en la evolución de la enseñanza musical con aplicaciones y herramientas digitales que facilitan el acceso. Plataformas en línea, tutoriales y software de composición y edición han permitido a personas de todo el mundo aprender música de manera autodidacta o a través de clases virtuales.

La educación musical ha recorrido un extenso y transformador camino desde sus orígenes hasta la actualidad. Inicialmente reservada para una élite, se ha democratizado gracias a los esfuerzos de visionarios como José Antonio Abreu y a los métodos innovadores de pedagogos como Willems, Dalcroze, Orff, Kodály y Suzuki. Estos enfoques han demostrado que la música no solo es una herramienta de perfeccionamiento técnico, sino también un vehículo crucial para el desarrollo integral de los individuos, abarcando la voluntad, sensibilidad, inteligencia e imaginación creadora. Afortunadamente, esta tradición de utilizar la música como un medio poderoso para la formación integral y el desarrollo social continúa. La música se ha establecido firmemente no solo como una actividad artística, sino como una preparación vital para la vida, promoviendo valores humanos esenciales y contribuyendo a la paz y al desarrollo comunitario.

Foto de la Orquesta Principal de la Red de Escuelas de Música de Medellín, concierto de temporada en el Teatro Universidad de Medellín, bajo la dirección de Rubén Cova (Amadeus Fundación-2008)


Referencias

Gainza, V. (1964). La iniciación musical del niño. Buenos Aires, Argentina: Ricordi Americana S.A.E.C.

Fundación Musical Amadeus, (2004). Informe de la Fundación Musical Amadeus para la Alcaldía de Medellín. Recuperado de
https://www.youtube.com/watch?v=faMIGqwz2xI

Maneveau, G. (1993). Música y Educación. Ensayo de análisis fenomenológico de la música y de los fundamentos de su pedagogía. Madrid, España: Ediciones Rialp, S. A.

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