Por Carolina Castro Gil

“La música da alma al universo, alas a la mente, vuelos a la imaginación, consuelo a la tristeza y vida y alegría a todas las cosas”
Platón
Los niños son felices saltando, jugando, bailando, cantando, etc. y la música es el vehículo que permite transportar tal felicidad contribuyendo a modelar el desarrollo físico, mental, emocional y social, brindándoles entusiasmo y las habilidades que necesitan para aprender por sí mismos. Sus vibraciones físicas, estructuras organizadas, seductores ritmos y sutiles variaciones interaccionan con la mente y el cuerpo de diversas formas, alterando de manera natural el cerebro.
Jeanne Ellis Ormrod en su libro “Aprendizaje Humano” menciona que el aprendizaje va más allá de adquirir habilidades y conocimientos, pues también abarca valores, actitudes y reacciones emocionales. Es un cambio, consecuencia de la experiencia, que puede ser de conducta o de asociaciones mentales. Escobar (2006) dice que “el aprendizaje es un proceso de adquisición en el intercambio con el medio en donde intervienen estructuras reguladoras al comienzo hereditarias y luego construidas con las pasadas adquisiciones”. El desarrollo cognitivo es el resultado de la maduración del organismo y la influencia del entorno y la inteligencia es una adaptación. Las funciones son invariables y las estructuras variantes, es decir, que van cambiando a medida que el organismo se desarrolla. Los niños aprenden mejor si tienen una participación activa durante el proceso de aprendizaje y si perciben que, lo que estudian, está relacionado o es útil en su vida cotidiana, lo cual da como resultado un aprendizaje de saberes, habilidades y actitudes aplicables en situaciones reales.
Escuchar música estimula al cerebro activando varias zonas al procesar el sonido, generando una experiencia musical. Al tocar un instrumento (incluyendo la voz), estos estímulos aumentan porque se activa prácticamente, todo el cerebro a la vez, en espacial las cortezas visuales, auditivas y motrices. Despins (1996) en su libro “La música y el cerebro” parte de la base de que un ser humano perfectamente equilibrado hace funcionar alternativa o simultáneamente los dos hemisferios cerebrales:
Hemisferio izquierdo
Traduce percepciones en forma de representaciones lógicas, semánticas y fonéticas de la realidad. Encargado de comunicar con el exterior sobre la base de esta codificación lógico-analítica y capaz de reconocer grupos de letras formando palabras, y grupos de palabras formando frases (tanto en lo que se refiere al habla, la escritura, la numeración, las matemáticas) y la lógica, como a las facultades necesarias para transformar un conjunto de informaciones en palabras, gestos y pensamientos. Encargado del sentido rítmico y dominio motor necesario para la ejecución musical.
Hemisferio derecho
Despins (1996) menciona que este hemisferio “reacciona de modo diferente ante estímulos. Parece totalmente especializado en la percepción holística de las relaciones de los modelos, configuraciones y de las estructuras”. Concibe las situaciones y las estrategias del pensamiento de una forma total. Integra varios tipos de información (sonidos, imágenes, olores, sensaciones) y los transmite como un todo. Se encarga de funciones relacionadas con la imaginación, creatividad, las emociones, los sentimientos y también de lo referente a las funciones espaciales. También se encarga del pensamiento más intuitivo, espontáneo y subjetivo.
Los llamados métodos musicales activos que surgieron a principios del siglo XX favorecieron la participación de los niños en su propio aprendizaje, adquiriendo el conocimiento teórico de cualquier materia a través de la experimentación. Los músicos encargados de estos métodos renovadores de la enseñanza musical fueron E. Willems, J. Dalcroze, C. Orff, Z. Kodály, Martenot, Suzuki, entre otros.
Gracias a sus aportes, el valor psicológico de la música primó sobre la perfección formal. Desde entonces, la música es visualizada como actividad en sí misma y como preparación para la vida porque la música favorece todas las facultades humanas internas: voluntad, sensibilidad, inteligencia e imaginación creadora. Por ejemplo, Dalcroze hace su fundamentación pedagógica partiendo de que la educación musical no deber ser exclusiva sino incluyente y obligatoria en las escuelas porque la música favorece al desarrollo del autodominio de los niños por medio de la rítmica, permitiendo acostumbrarlos a conocerse a sí mismo como instrumento de percusión rítmica. Además, la rítmica favorece la atención, la inteligencia y la sensibilidad porque el cuerpo es considerado como un instrumento de interpretación rítmica, mental y emocional. Willems, adopta la psicología musical analógica, estableciendo relaciones directas entre los elementos de la música y los de la naturaleza humana, en donde en el primer campo está el ritmo y vida fisiológica (acción), en el segundo, la melodía y vida afectiva (sentimiento) y en el tercero la armonía y vida mental (pensamiento). De esta manera se integra el lenguaje musical con la vida humana.
“…en su esencia misma, la orquesta y el coro son mucho más que estructuras artísticas, modelos y escuelas de vida social porque cantar y tocar juntos significa convivir de manera entrañable, en ánimos de perfección y afán de excelencia, en una rigurosa disciplina de articulación y de concertación para buscar la armónica interdependencia entre voces e instrumentos. Así se forma un espíritu entre ellos solidario y fraterno, se desarrolla su autoestima y se cultivan los valores éticos y estéticos que están vinculados al que hacer musical. De ahí su inmensa utilidad, al despertar la sensibilidad, a la forja de valores…” palabras del Maestro José Antonio Abreu, fundador del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela en TED-Ed (2013). La música es una gran herramienta de transformación social y complemento en la formación integral del ser humano. Las experiencias que se enmarcan en el aprendizaje musical favorecen el desarrollo y potencian las dimensiones humanas, pues la participación activa en agrupaciones musicales permite que cada integrante sea visualizando como uno y a la vez pluridimensional, diverso y plenamente integrado y articulado en una unidad.
La música favorece en la educación integral de los niños porque:
- Aumenta la capacidad de atención, memoria y concentración
- Mejora la habilidad para resolver problemas matemáticos y de razonamiento complejos
- Introduce a los niños a los sonidos y significados de las palabras
- Brinda la oportunidad para que interactúen entre sí y con los adultos
- Incentiva la creatividad y la imaginación infantil
- Estimula los sentidos, el equilibrio, y el desarrollo muscular, provocando la evocación de recuerdos e imágenes con lo cual se enriquece el intelecto
Foto tomada con los participantes en el XII Festival de Instrumentos de Arco realizado en la Universidad Autónoma de Bucaramanga en 2017.
Referencias
Despins, J.P. (1996). La música y el cerebro. Barcelona, España: Gedisa Editorial
Escobar, F. (2006). Importancia de la educación inicial a partir de la mediación de los procesos cognitivos para el desarrollo humano integral. Laurus, 12(21) 169-194. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=76102112
Ormrod, J. E. (2005). Aprendizaje humano. Madrid, España: Pearson/Pretince Hall.
Willems, E. (1994). El valor humano de la educación musical. Barcelona, España: Paidos Studio
TED-Ed (2013) The El Sistema music revolution – Jose Antonio Abreu https://www.youtube.com/watch?v=rYXK8TZADws