La música y su enseñanza han ido evolucionando paralelamente con el pasar del tiempo. La empírica práctica y enseñanza musical estaba a cargo de los músicos especialistas capaces de transmitir los secretos del oficio a sus futuros sucesores. A principios del siglo XX numerosos pensadores, filósofos, pedagogos, artistas y músicos empezaron a cuestionar la manera de cómo se educaba a los niños en todos los ámbitos, comenzando una transformación en el ambiente musical. Se crearon nuevos modelos educativos musicales útiles para ser desarrollados en aulas de clase, utilizando los métodos activos que permitieron el desarrollo de habilidades y posibilidades más creativas, dejando atrás la enseñanza tradicional que estuvo basada en la exploración de capacidades existentes que tendían a favorecer mediante una técnica cerebral o mecánica el desarrollo del virtuosismo.
Los llamados métodos activos favorecieron la participación de los niños en su propio aprendizaje, los alumnos llegaban al conocimiento teórico de cualquier materia a través de la experimentación. Los músicos encargados de estos métodos renovadores de la enseñanza musical fueron E. Willems, J. Dalcroze, C. Orff, Z. y Kodály, Gracias a sus aportes, el valor psicológico de la música primó sobre la perfección formal. Desde entonces, la música es visualizada como actividad en sí misma y como preparación para la vida porque la música favorece todas las facultades humanas internas: voluntad, sensibilidad, inteligencia e imaginación creadora.
Esta evolución en la enseñanza-aprendizaje llegó a Colombia y específicamente, en las últimas décadas del siglo XX, en la ciudad de Medellín surgieron diversas instituciones de educación musical formal e informal tanto en el sector público como privado que pretenden, a través de la música, contribuir en la formación integral de los seres humanos.
El siglo XXI inició con un abanico de posibilidades tecnológicas que facilitaban la enseñanza-aprendizaje musical. Sin embargo, las TIC estaban a la espera una mayor exploración e implementación en la educación musical. En el 2020 la pandemia dejó, como única opción para continuar los procesos musicales: la transformación y adaptación acelerada. Las clases, conferencias, recitales y conciertos musicales pasaron a estar detrás de las pantallas, revolucionando por completo la educación musical.
Los programas de formación musical a nivel mundial debieron ser flexibles y adaptarse a la nueva condición y rápidamente los docentes prendieron sus pantallas y se abrieron al abanico de posibilidades de las TIC, superando las dificultades e incertidumbre de la inimaginable situación que se estaba viviendo.
El proceso de enseñanza-aprendizaje a través de sus docentes, estudiantes y sus familias evidenciaron la capacidad de adaptación, surgiendo nuevas formas o modalidades para realizar las experiencias de aprendizaje. Los profesores tuvieron que cambiar muchísimo su manera de enseñar, como escanear las partituras, buscar, comprender y aplicar nuevas herramientas tecnológicas para compartir a través de las pantallas.
Grandes reflexiones continúan flotando en el que hacer docente en la nueva normalidad, pues la telepresencia, aprendizaje asincrónico y la bimolidad son modalidades que llegaron para quedarse. La transformación de la música y la enseñanza de la misma ha ido alineándose con las nuevas generaciones e instituciones y estudiantes docentes están en la labor de evolucionar con las necesidades actuales, conscientes de las habilidades que deben desarrollar los niños, jóvenes y adultos para un futuro, que seguro estará en constante cambio y transformación acelerada.